Hace poco fui a un evento, en donde lo que mas quería era que me sirvieran el almuerzo. Me sirvieron carne con salsa con hongos, arroz y ensalada. Antes de poner el plato en mi mesa sirvieron la canastita con pan. Me moría de hambre. Vi el pan y quería tomar uno, sacarle todo lo suavecito de adentro y comérmelo. No lo hice, la vergüenza venció mi hambre voraz. Fui la ultima a quien le sirvieron el plato de comida en la mesa de 20 personas. Cuando por fin comía ya no había pan. Lo deseaba. Mientras masticaba cada bocado mas me daba cuenta que la comida estaba nefasta. Al fin llevaron un plato con pan y sin vacilar tome uno. El pan estaba delicioso. Logre comer dos panes, dos diminutos panes que estaban tan ricos. No podía creer que lo mejor de ese almuerzo fue ese pan.